• Michelle Roche Rodriguez

La piedra de la locura

Actualizado: abr 29


Durante la Edad Moderna las especulaciones de los médicos sobre estos males se ubicaban dentro la tradición inaugurada en la antigua Grecia por Hipócrtaes y Galeno y se sustentaban en la teoría de los humores según el cual las enfermedades —del cuerpo o de la mente— eran el resultado de la pérdida de equilibrio entre lo fluidos que supuestamente constituían el cuerpo: la sangre, la bilis amarilla, la bilis negra y la flema. Esta interpretación guiaba al doctor a en su selección de los remedios, entre los cuales fueron frecuentes las purgas, las sangrías y otras medidas para eliminar las toxinas a través del sudor. Una creencia muy extendida durante el Medioevo era que los locos tenían una piedra en la cabeza y que volverían a la cordura si se les extirpaba, lo cual originó una serie de extravagantes operaciones quirúrgicas para removerlas. Esta creencia se mantuvo hasta bien entrado el siglo XV, como prueba el célebre cuadro de El Bosco «La extracción de la piedra de la locura». Esto quiere decir que santa Teresa de Ávila, Miguel de Cervantes y William Shakespeare pensaban que la locura era algo que podía ser «extraído» del cuerpo, como una muela. Tan descabellada afirmación fue una creencia tan extendida que se mantuvo, incluso dentro de la comunidad médica hasta bien entrado el siglo XX. Muchos críticos del procedimiento de la lobotomía que se practicó en hospitales psiquiátricos entre las décadas de los 1930 y los 1960 llegaron a comparar esa operación con la extracción de la piedra de la locura. La lobotomía es un tratamiento diseñado para destruir tejido en los lóbulos prefrontales del cerebro.

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